
Ontológicamente podríamos determinar al catálogo de deidades en causas. Ejemplifiquemos: Enlil, dijimos, es dueño y señor del viento, pues bien, aunque por ser dios no contenga materia, sí contiene forma, fuera la que fuese, él es causa eficiente principal de los fenómenos atmosféricos, siendo el viento, la lluvia, etc., una causa instrumental. En algún momento del desarrollo de la religión sumero-acadia, las diferentes causas instrumentales pudieron sufrir la misma personificación que sus causas eficientes y, según el entendimiento del colectivo en cuanto a las cualidades de aquellas causas se las determinó buenas o malas. Por ser lo malo, lo terrible, objeto de temor, se asoció su forma y sus atributos en cuanto a tal, desarrollandose así la demonización de todo aquello que existe como causa instrumental que produce un mal. Para documentarlo interesaría aquí reproducir una tabla de la cultura asiria, con paralelo en la sumeria, que describe someramente las características de algunos de estos seres. De ésta, titulada "Tabla de los siete espíritus malignos", se desprende ya la personificación de las causas instrumentales arriba expuestas, demonizadas, como seres independientes, cuya causa eficiente principal, por asociación, es Enlil. La respuesta a la pregunta obligada de por qué estos demonios dependen del Señor del viento es que a los seres espirituales, a la idea de alma, pronto se la asoció, precisamente, con una especie de álito, como atestiguan también restos en culturas posteriores: la "Ruaj" hebrea, el "Pneuma" griego, el "Anima" latino, etc: "no lo vemos, está ahí porque lo sentimos". De igual manera antes, el pensamiento sumero-acadio las relacionó haciendo coincidir la materia de estas cosas, espíritu y viento: "Lil".
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Machiavelli rules.

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