O por qué perdío su sombra Peter Pan.
La sombra es un asunto curioso, un gemelo sordomudo. Así, como un punto y coma de los cuerpos opacos. Una proyección, para entendernos, del Más Acá. Lo mismo sirven en Nunca Jamás una sombra y un rolex que las velas de cumpleaños, o una docena de uvas.
No sé si me explico.
Lo mismo importan primeras comuniones que redactar testamentos. No hay albaceas ni letrados que te garanticen la pecunia eterna o te den la extrema absolución. ¿Qué necesidad hay? En el fondo, en donde hablo, la muerte es una opción.
Aquí, desde la Conchinchina hasta el Magreb, nos aburren ya estas historias. Aunque las envidiemos. Resignándonos, o no, o no queriéndonos querer resignar al Factum Immutabilis. Pero me gustaría ver la cara que le pondría un egipcio de unos 3200 años a J.M. Barrie, mientras le cuenta que un efebo disfrazado camina por la vida sin sombra ni muerte que le siguan.
Lo primero que haría seria pensar: "pajaro ojo manos hombre con cabeza de cabra cucaracha negra baston sombra carro gato mazo espiga". Después, sonreiría. Y es que para un don nadie de por esas tierras de por esos años, algo de él llevaba su sombra, algo suyo, un peso, un plano al menos de su integridad. De su mala integridad. El Sheut.
Un noséqué quéséyo que, por suerte, no le acompañaba en los continuos juicios excupatorios, y se quedaba aquí en forma de estatuilla o de pintarrajo oscuro. Otros porsiacasos mejor también dejarlos aquí, no fuese que en el "Entre acullá" el abogado de oficio no resultase demasiado competente a ojos de Isis. Mejor dejar una escultura, un nombre, una suerte de figura ecuestre que nos diese algo para recordar. Y si es lo bueno, mejor, que para olvidar lo malo ya lo hará olvidar mi sombra. Aun así, escama la hipocresía de mi egipcio muerto, de, por ejemplo, gonorrea ocular.
Claro, es muy facil pasar las aduanas del Otro Lado del Nilo cuando llevas en el recto cinco gramos de pecados inconfesables, y más facil todavía si los has metido en el recto de otro.
Este Pan, que al final se resigna a envejecer, tiene mucho de mi egipcio, al principio de la aventura. Poco a poco irá entendiendo que bajo tierra no da el sol. Perder la sombra, si no la dejó caer y luego se hizo el sorprendido, no dejaba de ser otra excusa más para no dar la cara en el Juicio Actual; y de esta guisa vivir como un recuerdo, no como un vivo.
Mientras Pan no pretendía una sombra que le delatase, lo que necesitaba mi egipcio, muy por dentro, era creer que en eso de la Otra Vida, la sombra no se pesa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario